En el siglo VII la villa de Zahara fue un asentamiento árabe fronterizo y, por tanto, un lugar estratégico ideal para construir un fortín. Situada en una cima sobre el valle, Zahara gozaba de una posición óptima para avistar a los invasores.
El nombre árabe de al-Zahar apunta a la existencia de naranjos en la zona.
Por otro lado, el escritor británico Richard Ford describió a Zahara como “un nido de águilas moro”. Los moros, realmente bereberes, eran un pueblo procedente del norte de África dedicado a la agricultura.
Tras enfrentamientos constantes entre los cristianos y los árabes por la posesión de la villa, esta cayó finalmente bajo el poder de los cristianos en 1407, después de la conquista cristiana de la zona. En el siglo XVIII el duque de Arcos ordenó construir su residencia en Zahara, lo cual le concedió más valor a la misma.
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